domingo, 20 de septiembre de 2009

Tocando el cielo con las manos


Juan Martín Del Potro lo hizo. Como antes lo habían hecho Guillermo Vilas, Gabriela Sabatini y Gastón Gaudio. Con pocos pergaminos, ya que solo había alcanzado una semi de torneo grande en la previa (aquella semi en la cual llevó a Federer a cinco sets pero se quedó sin nada).

Arrancaba con un compromiso duro para ser primera ronda, el maldito sorteo había dirimido que se enfrentaran dos amigos en el encuentro inicial. Ambos de Tandil, el que estaba del otro lado de la red era Juan Monaco. Delpo no tuvo piedad con él y fue 6-3, 6-3y 6-1 para acceder sin despeinarse a la próxima fase. El derrotado resultó ser un visionario, al decir, los tres candidatos son Federer, Murray y Juan. Y fueron pasando uno a uno, con su revancha ante Koellerer, la paliza a Ferrero, la victoria ante el jugador que más se le parece en el tenis (Marin Cilic, fisicamente hablando). Después de todo eso, si, otra semi en un Grand Slam para contarle al mundo que no fue casualidad lo de mayo.


De repente, tenía en un Arthur Ashe repleto, a un Rafa Nadal que venía levantando el nivel (luego de derrotar al chileno Gonzalez) pero que ya no era aquel cuco invencible. Es más, los últimos antecedentes de enfrentamientos entre ambos, fueron favorables para el argentino. Excepción: lejos de eso, JM le dió una lección de tenis pocas veces vista ante este rival. El marcador final databa de un triple 6-2 y un Rafa anonadado y algo mareado por lo que lo hizo correr el tandilense. Y llegó la final, ante la historia, con Roger yendo en busca de su 6to título y por ser aún más grande. Parrafo aparte...


El partido no arrancó de la mejor manera: 6-3 rapidito para el número 1, con un quiebre a mitad de set y con Juan teniendo problemas para mantener su saque, un arma principal en su juego. Pero no todo estaba perdido, hubo recuperación, pelea, Delpo soltaba el brazo cada vez más y se llevó el 2do por 7-6, con lo que, todo quedaba como al principio. Otro desfavorable 3er set daba cuentas de que el mejor de todos se llevaría nuevamente el partido y la copa, más que nada porque Juan no podía reafirmar su saque y el panorama pintaba complicado, a esto hay que sumarle que el reloj corría y los antecedentes físicos no ayudaban. Pero otra vez la peleó con momentos de muy alto nivel para llevar a un nuevo tie-break el cuarto y esperanzar a todos con otro 7-6. El quinto sería el epílogo del gran campeón: juego sin fisuras, 6-2 para terminar quebrando dos veces al más campeón torneos grandes, mirar al cielo y regalarle a toda la Argentina el trofeo de U.S. Open.